Cuando una persona recibe un diagnóstico de cáncer, la enfermedad no afecta solo a quien la padece. El dolor y los cambios son tan intensos, que también transforman la vida de quienes cuidan, acompañan y sostienen ese día a día. Además, se asumen esos cuidados sin preparación previa, casi impuestos por la enfermedad, aunque siempre guiados por el amor y el compromiso hacia la persona amada.
Con mucho cariño e imaginando que este texto sea como un abrazo para el alma, dedico este artículo a todas las personas que cuidan y, en especial, a las que acompaño, que sin esperarlo, la vida les ha puesto en esta situación tan dolorosa.
No tienes que ser invisible, eres esencial
Si estás pasando por ello, ya estarás viviendo que, cuidar implica mucho más que atender necesidades médicas o prácticas. Supone convivir con la incertidumbre, adaptarse a cambios constantes y sostener emocionalmente a tu familiar, mientras intentas seguir adelante con tu propia vida, o incluso, cuando tu vida se pone en pausa.
Que difícil tiene que ser intentar sostener el miedo de la persona que quieres, mientras intentas silenciar el propio... Tiene que ser como aprender un idioma nuevo —el de la enfermedad— pero sin haberlo elegido.
Amar no evita el desgaste
Existe la creencia de que, cuando se cuida por amor, el cansancio no debería aparecer, casi como si tuviéramos que tener una fuerza y energía inagotables. Sin embargo, nada más lejos de la realidad, el desgaste emocional y físico van de la mano de situaciones prolongadas, exigentes y tan duras a nivel emocional.
Por lo tanto, sería muy normal que experimentaras:
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Cansancio persistente y generalizado.
- Frustración y rabia, por querer hacer más y por sentir que es una situación injusta.
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Sentimientos de culpa por necesitar descanso.
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Miedo a un futuro sin la persona amada.
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Tristeza anticipada.
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Sensación de soledad o incomprensión.
Estas emociones y otras que puedas estar sintiendo son válidas, y no indican debilidad ni falta de amor. Están ahí porque la dureza de lo que estás viviendo es real.
Cuidar no siempre es hacer
Si sientes que tienes que estar siempre activa: vigilando, resolviendo o anticipándote, puede ser importante que te recuerdes, que el acompañamiento también consiste en estar disponible, escuchar y ofrecer una presencia tranquila. Acompañar no siempre es hacer algo concreto.
A veces cuidar es:
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Estar en silencio
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Tomar una mano
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Escuchar sin intentar arreglar
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Compartir una presencia tranquila
No necesitas ser fuerte todo el tiempo. También puedes cuidar dejando espacio a tu humanidad y vulnerabilidad. Siendo tu misma.
Cuidarte no es abandonar
Uno de los mayores miedos del acompañante es pensar que, si se cuida, si se dedica tiempo, está fallando a su familiar. Sin embargo, la realidad es la contraria: nadie puede cuidar bien si está completamente agotado.
Para cuidarte puedes necesitar espacios más amplios, o hacerlo a través de pequeños gestos hacia ti misma:
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Dormir cuando puedas.
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Salir a caminar unos minutos.
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Pedir ayuda, aunque la ayuda que recibas no sea perfecta.
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Hablar con alguien que sientas que no te juzga.
Cuidarte, en la medida que te sea posible, te permite sostenerte cerca sin romperte.
Y recuerda que cuidarse no significa abandonar ni restar importancia a la enfermedad de tu ser querido Significa que también eres humana y necesitas cuidarte para seguir acompañando de manera sostenida.
El duelo empieza antes (y también necesita espacio)
Cuando el cáncer es grave o prolongado, es normal que, de alguna manera, comiences a despedirte internamente antes de tiempo. Se conoce como duelo anticipado, y es una respuesta humana, un intento de ir asumiendo una nueva realidad.
Y puedes sentirlo como:
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Tristeza constante.
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Sensación de estar perdiendo poco a poco.
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Necesidad de decir cosas importantes.
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Miedo a olvidar.
Hablar de ello con personas de confianza o en un espacio terapéutico puede aliviar parte de la carga emocional.
Pedir ayuda también es un acto de amor
No todo tiene que recaer sobre ti. Apoyarte en profesionales, familia, amistades o espacios terapéuticos no significa debilidad.
Significa reconocer los propios límites y respetarlos.
Los cuidados se realizan mejor, cuando tu también te permites que te cuiden.
Por último, me gustaría decirte que...
- Tu experiencia también importa.
- No tienes que poder con todo ni hacerlo sin apoyo.
- Mereces acompañamiento, escucha y cuidado tanto como la persona a la que amas.
Atender tus propias necesidades no te aleja de la persona a la que cuidas. Te permite seguir estando.
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