¿Alguna vez un hobby que antes te encantaba dejó de ser disfrute y se convirtió en fuente de estrés?
A veces ocurre que lo que durante un tiempo era un espacio de descanso y conexión ahora pueda sentirse como una exigencia más en tu lista de tareas.
No es extraño. Y no es un fallo tuyo. Tiene explicación en cómo funciona nuestro cerebro y en cómo se organizan nuestros sistemas emocionales.
La psicología y la neurociencia afectiva, especialmente el trabajo de Paul Gilbert, creador de la Terapia Focalizada en la Compasión, explican que contamos con tres grandes sistemas motivacionales que regulan nuestra experiencia emocional y nuestro comportamiento.
Comprenderlos puede ayudarnos a recuperar el disfrute perdido.
Los tres sistemas que organizan nuestra vida emocional
1. Sistema de amenaza y protección
Este sistema es el más antiguo desde el punto de vista evolutivo. Su función principal es mantenernos a salvo.
Se activa cuando percibimos peligro, críticas, rechazo, presión o posibilidad de fracaso.
Emociones típicas que sentimos cuando este sistema está activado:
-
Miedo
-
Ansiedad
-
Ira defensiva
-
Vergüenza
Su función es detectar riesgos y reaccionar rápidamente para protegernos.
Cuando este sistema se activa de manera intensa o constante, el cuerpo permanece en alerta. Aparecen tensión muscular, rumiación mental, dificultad para descansar y sensación de estar “siempre en guardia”.
Es un sistema necesario. El problema no es que exista, sino que se active incluso cuando no hay una amenaza real, sino una amenaza simbólica: no hacerlo perfecto, no ser suficientemente buena, no estar a la altura.
2. Sistema de logro, impulso o activación
Este sistema nos mueve hacia objetivos. Es el que nos ayuda a avanzar, crear, producir y conseguir metas.
Se activa cuando buscamos reconocimiento, éxito, control o superación.
Emociones asociadas:
-
Entusiasmo
-
Motivación
-
Energía
-
Satisfacción por alcanzar metas
Es un sistema muy valorado socialmente. Vivimos en culturas que refuerzan constantemente la productividad y el rendimiento.
El problema aparece cuando este sistema se combina con autoexigencia rígida o presión externa. Entonces, lo que comenzó como un deseo genuino puede convertirse en obligación. La actividad deja de ser juego y se transforma en tarea, activándose el sistema de amenaza, y lo que antes era motivación se convierte en miedo por la posibilidad de no conseguir algo.
3. Sistema de calma, seguridad y conexión
Este es el sistema más vinculado al bienestar profundo.
Se activa cuando nos sentimos seguras, aceptadas y conectadas, tanto con otras personas como con nosotras mismas.
Emociones características:
-
Tranquilidad
-
Plenitud
-
Disfrute
-
Satisfacción serena
Este sistema permite que el cuerpo descanse, que la respiración se vuelva más pausada y que el sistema nervioso se regule. Es el espacio del cuidado, del vínculo y del placer sin presión.
Es también el sistema que más suele quedar relegado en entornos altamente exigentes o cuando tenemos una voz autocrítica muy presente.
Cuando un hobby se convierte en fuente de estrés
Imaginemos que empiezas a escribir, pintar, entrenar o tocar un instrumento.
Al principio, lo haces por disfrute. No hay expectativas externas ni metas rígidas. Solo curiosidad, expresión y conexión contigo misma. Tu sistema de calma está activo.
Pero con el tiempo pueden aparecer cambios sutiles:
-
Empiezas a compararte con otras personas.
-
Te exiges mejorar constantemente.
-
Sientes que “deberías” sacar rendimiento económico o hacerlo visible.
-
Temes decepcionar si no mantienes un cierto nivel.
Sin darte cuenta, se activan otros sistemas:
-
El sistema de logro, porque ahora “tienes que hacerlo bien”.
-
El sistema de amenaza, porque temes el juicio, el fracaso o la crítica.
El resultado es que la actividad ya no regula tu sistema nervioso. Lo activa.
Lo que era descanso se convierte en rendimiento.
No es solo algo individual: una mirada social y feminista
Es importante subrayar algo fundamental: no es únicamente una cuestión personal.
Vivimos en una sociedad que valora la productividad constante, la perfección y la visibilidad. Todo puede convertirse en marca, en contenido o en logro medible.
Especialmente para mujeres y personas socializadas en el cuidado, aparece además la tendencia a:
-
Hacerlo “bien para otros”.
-
Convertir el placer en responsabilidad.
-
Sentir culpa por descansar.
En este contexto, incluso el ocio puede vivirse como obligación. No porque estés haciendo algo mal, sino porque los sistemas motivacionales responden a un entorno que premia el rendimiento y penaliza el descanso.
Recuperar el placer: reconectar con el sistema de calma
El mensaje central es este: tus sistemas motivacionales están funcionando exactamente como aprendieron a hacerlo.
Como explica Paul Gilbert, no se trata de eliminar el sistema de amenaza ni el de logro. Ambos son necesarios.
La clave está en equilibrarlos y fortalecer el sistema de calma.
Algunas preguntas que pueden ayudarte:
-
¿Estoy haciendo esto para disfrutar o para demostrar algo?
-
¿Qué pasaría si lo hiciera “suficientemente bien” en lugar de perfecto?
-
¿Podría mantener este hobby aunque nadie lo viera?
-
¿Qué necesitaría mi cuerpo para sentir seguridad y calma mientras lo hago?
A veces, reconectar con el disfrute implica bajar el ritmo, reducir expectativas o permitirnos ser principiantes otra vez.
El placer no es un lujo, lo necesitamos
Necesitamos hacer cosas por mero disfrute, es una forma de autorregulación emocional y de cuidado psicológico. Sino lo hacemos de manera sana, nuestra mente buscará encontrar ese placer en conductas que nos pueden dañar. No podemos vivir solamente activando el sistema de logro o el de amenaza. También necesitamos el sistema de calma que nos permite recargarnos, integrar experiencias y sostener la vida con mayor equilibrio.
Recuperar el placer es un acto profundo de autocuidado y resistencia social frente a la productividad impuesta.
Añadir comentario
Comentarios